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KATIE LA FEA

Si me gustara el champán diría que La fiera de mi niña, de Howard Hawks, es cosquilleante y alegre, efervescente, como una copa de champán. Afortunadamente, la película es mucho mejor que eso. Una deliciosa comedia estrafalaria (screwball comedy) de las que ya no se hacen. Cary Grant interpreta a un paleontólogo que ha esperado durante varios años la pieza ósea que le falta para completar un brontosaurio, y precisamente el mismo día que le llega (la víspera de su boda) conoce a una excéntrica millonaria que le dejará sin hueso, sin novia y casi sin cordura. La millonaria, claro está, es una deliciosa Katharine Hepburn en su mejor momento, llena de gracia y dotada de una chispa tal que no se entiende cómo a esta mujer bella y brillante pudieron llamarla la Fea de Hollywood. El tiempo ha demostrado que los feos eran ellos, y Katharine, una premonición: la de la mujer moderna, alegre, graciosa, independiente, tenaz, combativa... Nada más lejos de mi intención que querer glorificar con beatería bovina a la fémina moderna, pero Katharine Hepburn encarnó siempre un ideal que sólo hoy ha cristalizado con gracia desigual, como suele suceder en todo jardín que produce frutas diversas, y hasta ricardos borriqueros. Comedia elegante y disparatada, he tardado décadas en llegar a verla, cosa que llevé a cabo días ha para mi solaz. Dicen que La fiera de mi niña es el mejor antidepresivo que existe. Quizá esta sugestiva hipérbole no ande muy desencaminada.

La fiera de mi niña (Bringing Up Baby, 1938). Dirección: Howard Hawks. Guión de Dudley Nichols. Fotografía de Russell Metty. Montaje de George Hively. Música de Roy Webb. Intérpretes: Cary Grant, Katharine Hepburn, Charles Ruggles, Walter Cattlet, Barry Fitzgerald, May Robson et al. USA. B/N. (****, de 4). Más datos, en IMDB.

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